domingo, 21 de diciembre de 2014

La importancia del contacto físico en los bebés mamíferos

Hace tiempo que quería contar esta experiencia. Me pareció curioso, pero pensándolo bien no tanto... Porque aunque algunas quieran ir contra nuestra propia naturaleza, los mamíferos no somos tan distintos.

Hace unos meses me encontré en los bajos de un coche un bebé gatuno muy muy asustado. Tendría un par de meses, no más. Como buena amante de los animales que soy, no pude seguir como si nada. Estaba en una zona céntrica, con mucho tráfico y pocas zonas verdes. Yo creo que vino en ese coche de otro lugar. 

Estaba muy muy asustada (resultó ser chica), y no fue tarea fácil cogerla. Menos mal que conté con la ayuda de unas personas que salieron del bar que había al lado, y entre todos pudimos "echarle el guante". Tenía decidido que no podía dejarla allí, así que improvisé un trasportín con mi propio bolso (con forma de gato, qué curioso... de verdad que no me dedico a salir a buscar gatos intencionadamente!), y nos fuimos al veterinario. Como os digo estaba asustadísima, pero todo lo que tenía de asustada lo tenía de buena. La desparasitamos, la bañamos (adjunto documento gráfico, para los incrédulos... y sin ningún rasguño!) y también le tratamos el fuerte catarro que traía.




Una vez aseada había que "socializarla" para intentar buscarle un hogar. Como os digo, estaba muy muy asustada, estoy casi segura que era la primera vez que tenía contacto con un humano, y claro, que te saquen por las "bravas" de tu escondite no es empezar con muy buen pie...


Aceptaba las caricias, pero con miedo. Intenté ganármela por el estómago. Tenía mucha hambre y comía con ganas, pero no se acaba de fiar. Era un poco dura de pelar... para qué lo vamos a negar, pero yo también soy bastante tozuda y no me rindo fácilmente. No quería tener que dejarla otra vez en la calle.

Pasamos al plan B: cogerla en brazos bien pegadita mientras la acaricio. Contacto físico en toda regla, al fin y al cabo no deja de ser un bebé mamífero. No soy una gata, ni su madre, pero era lo más parecido que podía hacer para intentar darle ese contacto que le proporcionara un poco de tranquilidad y confianza que sólo se puede sentir en el pecho de una madre.



Cual fue mi sorpresa, o no tan sorpresa, cuando al ponerla pegadita a mi pecho cambió su actitud totalmente. Aún le sigo dando el pecho a mi hija, y no sé si la pequeña gatita lo notaría, pero al estar cerca de mi olisqueó un poquito y enseguida se acurrucó como veis en la foto. Tranquila, se relajó y ¡comenzó a ronronear!

En la semana que estuvo en casa, sólo ronroneaba cuando la cogía junto a mi pecho como en la foto. 

Os gustará saber que la gatita, que se llama Bastet, es feliz en un buen hogar. Es mimosa, cariñosa, y está totalmente adaptada a la vida en una casa.




¿Qué conclusiones/reflexiones he sacado de ésto?

Que los bebés, y sobre todos los mamíferos sean humanos o de otra especie, nacen indefensos, inseguros, y necesitan de una figura materna o de apego que les proporcione esa seguridad que les falta, para crecer y convertirse en adultos independientes; y que con paciencia y cariño todo se consigue, más tarde o más temprano. También tengo experiencia con gatos adultos que se han adaptado perfectamente a la convivencia con personas.



Otro punto importante de esta experiencia fue enseñarle a mi hija a respetar y ayudar a los demás, sean personas o animales. Me ayudó a cuidarla y también contribuyó a su "socialización". La peor parte fue el disgusto que se llevó cuando la tuvimos que dejar en su nuevo hogar, pero también comprendió que nosotros no podíamos quedárnosla, que no podíamos asumir otra responsabilidad más, y por eso era mejor entregarla a otras personas que si la van a cuidar como se merece. 


Dadas las fechas en las que estamos, aprovecho para recordar que los animales no son juguetes. No tienen un botón de "off" para cuando te cansas de atenderlos. Sed responsables con este tema, por favor ;)

Desde MAMAmífera os deseamos ¡¡FELICES FIESTAS!!